Hoy os traigo la reseña de un libro que leí el año pasado y que me ha venido a la memoria con motivo del día de la madre. Se trata de “La tía Tula” de Miguel de Unamuno. De este autor leí en el instituto “San Manuel Bueno, mártir” y guardaba muy buen recuerdo del libro pero no había vuelto a leer nada suyo.
Fue un hombre con una indudable inquietud intelectal, con amplios conocimientos de la cultura antigua y moderna, de filología, literatura y filosofía. Rebelde, individualista, luchador, no encontró nunca la paz por encontrarse en constante conflicto consigo mismo, acosado por dudas religiosas y existenciales (reflejadas en su novela “San Manuel Bueno, mártir”) y muy critico con los distintos regímenes políticos en los que vivió Aspectos todos ellos que aparecen reflejados de una forma u otra en su extensa obra.
La novela fue llevada al cine en 1964, dirigida por Miguel Picazo e interpretada por la recientemente fallecida Aurora Bautista y Carlos Estrada.
Os podéis preguntar, si no habéis leído la novela, porque me he acordado ayer de ella. La respuesta es sencilla, esta obra aborda no solo la pureza del ser, la fortaleza sexual de la mujer, la familia, y el cristianismo, sino sobre todo la dicotomía maternidad-virginidad.
La tía Tula relata la vida de Gertrudis una mujer que consagra su vida al cuidado y crianza de los cinco hijos que su cuñado, Ramiro, tiene con su hermana Rosa y con su segunda esposa, Manuela, tras la muerte de ésta. La tía Tula renuncia a tener hijos para atender a los de su cuñado por el que siente una fuerte pasión que mantiene acallada.
La protagonista siente desprecio hacía la figura masculina y compara su papel con el de los zánganos en la naturaleza de las abejas, asumiendo en este símil el papel de reina ella. No es que sea una mujer de hielo porque en su interior bulle un conflicto pasional intenso, pero elige permanecer virgen y casta, porque quiere dedicarse a algo más importante que lo meramente carnal. Se quedará soltera, pero, como ella dice, no "para vestir santos", sino para vestir niños. Y es que aunque Tula quiere a su hermana y sobrinos y ama a Ramiro, sobre todo quiere ser madre y esta ansia se ve satisfecha asumiendo el cuidado de sus sobrinos por lo que no siente necesidad de perder la virginidad y considera que su castidad da pureza y tranquilidad a su hogar. Pero en el fondo vive reprimida, intentando evitar las pasiones propias de la vida.
Instaura en la familia un claro matriarcado que trata de transmitir a sus sobrinas en contrapunto con la actitud sumisa de los hombres que se cruzan en su vida.
A pesar de la complejidad del tema el autor logra que el ritmo de la obra no decaiga y que mantengas el interés. Es difícil sentir simpatía por la dura y rígida Gertrudis, pero ciertamente resulta un personaje inolvidable, siendo la descripción psicológica que realiza Unamuno de la misma muy profunda y elaborada. Una obra que casi todo aquel que ha leído recuerda, aunque no responde a los actuales parámetros sociales.
No quiero terminar sin compartir con vosotros el mejor consejo que, con su experiencia, nos da Tula:
"-Bueno, ¡hay que tener ánimo! Pensad bien, bien, muy bien, lo que hayáis de hacer, pensadlo muy bien... que nunca tengáis que arrepentiros de haber hecho algo y menos de no haberlo hecho... Y si veis que el que queréis se ha caído en una laguna de fango y aunque sea en un pozo negro, en un albañal, echaos a salvarle, aun a riesgo de ahogaros, echaos a salvarle..., que no se ahogue él allí... o ahogaos juntos... en el albañal; servidle de remedio, sí, de remedio...; ¿que morís entre légamo y porquerías?, no importa... Y no podréis ir a salvar al compañero volando sobre el ras del albañal porque no tenemos alas, no, no tenemos alas..., o son alas de gallina, de no volar..., y hasta las alas se mancharían con el fango que salpica el que se ahoga en él... No, no tenemos alas, a lo más de gallina...; no somos ángeles..., lo seremos en la otra vida..., ¡donde no hay fango ni sangre! Fango hay en el Purgatorio, fango ardiente, que quema y limpia..., fango que limpia, sí... En el Purgatorio les queman a los que no quisieron lavarse con fango..., sí, con fango... Les queman con estiércol ardiente..., les lavan con porquería... Es lo último que os digo, no tengáis miedo a la podredumbre... Rogad por mí, y que la Virgen me perdone."
Confieso que no lo he leído y sé que no es muy bueno de mi parte, lo tengo entre esas deudas pendientes. Muchas gracias por la reseña.
ResponderEliminarBesos y feliz inicio de semana.
La he leído dos veces y aunque reconozco que para mí es angustiosa tiene como una especie de imán (no lo entiendo) y disfruto mucho de su lectura.
ResponderEliminarUn beso.
Pues no la he leído pero mi madre ya me la ha recomendado varias veces...tendré que animarme!
ResponderEliminarUn beso!